Gina Parody

POR ALGUNOS PETARDOS

 

Por:           Gina Parody
Publicado:   Enero 10 de 2007

 
 
 

Un sabor amargo nos dejaron las cifras de quemados y muertos por manipulación de pólvora en la pasada temporada navideña. A pesar de que hubo una notable reducción de víctimas en Bogotá, al pasar de 32 a 16 lesionados, en otras regiones del país como en Antioquia el número es escalofriante: 190. Desafortunadamente algunos gobernantes, como los de los municipios vecinos a Medellín, no han entendido que el derecho superior de los niños y niñas establecido en la Constitución, es un mandato imperativo para proteger su vida e integridad física por encima de cualquier consideración económica o cultural.

La reducción de quemados la pasada navidad fue solamente del 10%, al pasar de 440 en 2006 a 400 en esta temporada. Es un magro resultado si se tiene  en cuenta que hace un año habíamos logrado una disminución de 250 quemados con respecto a 2005. En Bogotá, cuyos municipios vecinos como Soacha restringieron por fin la pólvora el año pasado, tuvo la reducción más alta desde que limitó su uso y venta (hace 12 años): de 32 a 16 casos. En Medellín, debido a los municipios cercanos que permiten la venta indiscriminada como la Estrella, las víctimas fueron 90. Por su parte en el Departamento de Antioquia, triste campeón de quemados desde hace muchos años en el país, el total de lesionados significa la mitad de todo el país pese a que disminuyó 30%.

Detrás de estas frías cifras, se encuentra el drama de decenas de niños que para esta última temporada representaron la mitad de los heridos por manipular pólvora con 197 casos. El más reciente conocido, el de Cristian Villegas, un niño de 7 años de edad en Aguachica, César, quien después de la noche de año nuevo se encontró un tote que no le reventó a un año viejo y al agarrarlo le explotó, afectándole  parte de la dentadura  y  dos dedos  de  la mano izquierda.

Y no solo con totes hay víctimas, en Antioquia catorce personas resultaron lesionadas con pólvora de luces, chispitas, pilas y chorrillos. Y es que no me canso de repetirlo, no hay pólvora buena y pólvora mala como algunos Alcaldes, y congresistas que prefieren responder a intereses económicos que al interés general, quieren hacerle ver a la ciudadanía. Todo tipo de pólvora en manos inexpertas es peligrosa.

El último argumento que oí de un congresista para no regular la manipulación de la pólvora era que no podía votar en contra de las tradiciones de su región. ¿Quién ha dicho que las tradiciones no se pueden cambiar? Algunas ciudades del país están cambiando la tradición de lanzar harina en las festividades por los daños a la salud, y ahora lanzan espuma comprimida en una lata. En la costa muchas familias cambiaron los estallidos de la pólvora detonante a la medianoche de Navidad y Año Nuevo por pitos y matracas. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo en todo el resto del país?  Si no logramos pronto una restricción nacional de la pólvora para manos expertas, va a resultar más fácil  acabar con los quemados con pólvora que con los Alcaldes petardos que no piensan en los intereses de los niños y la permiten manipular indiscriminadamente.

 
   
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