Que los petrodólares le garantizarán la sostenibilidad económica a Venezuela está por verse. Con su delirio de Bolívar encarnado, El Presidente Hugo Chávez en lugar de sacar a su país de la crisis, se comporta como todo un mago para crear cortinas de humo y distraer la atención de la comunidad internacional sobre la difícil situación económica de los venezolanos.
Chávez habla de todo y ataca a todos: lo hemos oído vociferar que EEUU tiene un complot para matarlo y ahora, sin ningún pudor, utiliza el conflicto colombiano para mantener alejada a la comunidad internacional de su crisis interna. ¿Qué es lo que tanto le preocupa al presidente Chávez que descubramos? Pues que Venezuela es la nueva cenicienta de Latinoamérica: Cae su inversión extranjera, escasean los alimentos básicos, campea el contrabando, se disminuyen los puestos de trabajo y la inflación es la más alta de América Latina.
De la próspera Venezuela hoy queda poco. El flujo neto de la inversión extranjera que para el 2005 era de 1.341 millones de dólares, pasó a ser negativo en 2007 con un saldo neto de -2.750 millones, esto muestra a los inversionistas sacando su dinero del país. Junto a Surinam es las únicas naciones que perdieron entradas, propiciando un retroceso en el crecimiento empresarial. De 11.120 fábricas que había en 1997, quedaban 6.700a julio de 2007. A la informalidad que alcanza el 50% se sumarán pronto los trabajadores cesantes de concesionarios por cuenta de la cuota de importación de vehículos. Entonces como no hay producción industrial, ahora compran todo a los países vecinos. Las importaciones de Venezuela han aumentado a un ritmo de 29% en los dos últimos años. Compran medicamentos y bienes de la canasta básica.
No hay alimentos, la leche líquida dejó de ser negocio a causa del control de precios. Para producir y transportar un litro de leche se necesitan 1.100 bolívares, pero el precio fijado por el gobierno es de 1.050 pesos, por tanto nadie va a producir a perdida. Mientras tanto, el precio de la leche en polvo se ha incrementado en un 37% en el último mes. Lo grave de la situación se evidencia en un millón de niños que están sin leche y sólo una parte de ellos está tomando una bebida ofrecida por el Estado a base de leche y sólidos grasos y no grasos de leche diluidos con agua, azúcar, sal y conservantes.
Como nadie produce y todos necesitan comprar, los precios suben. En Venezuela la inflación es la más alta de América Latina con 22.5%, incrementando el contrabando, la informalidad y el flujo de compradores hacia Colombia. Los venezolanos que están cerca a la frontera, cruzan hasta Colombia para llevar alimentos y artículos de aseo, sin importar el precio. Y los que están lejos de la frontera solo pueden pensar en pescado, jamón o pavo. Pero los precios son exorbitantes. En el caso del pescado, un kilo de atún fresco se vende por 26 bolívares, es decir 24.000 pesos, mientras que en Colombia se consigue a $8.000 el kilo.
La crisis económica de Chávez lo tiene cambiando petróleo por comida. Este año pidió a Honduras que cancele con alimentos el 40% de los combustibles que adquiera y ahora ha diseñado un plan para que la petrolera venezolana importe 150.000 toneladas de alimentos en los próximos meses. ¿No me quiero imaginar qué pasaría si el presidente Uribe le ordena a ECOPETROL que importe huevos y pollo?
Por ahora, la carestía de los venezolanos es un problema interno. Pero si esto se convierte en una “crisis humanitaria”, van a arrastrar consigo a los países que están dependiendo de sus petrodólares Bolivia, Ecuador, Argentina (a quienes les subsidia la deuda externa) y Nicaragua (a quienes les regala petróleo y dólares).
Chávez opaca su casa y no alcanza a brillar en la calle. La Revolución Bolivariana y su plan expansionista se basan en el hambre y la pobreza. En la agresión contra los mandatarios hermanos y en una ayuda poco desinteresada a los países latinoamericanos. Debería dejar su ánimo de protagonismo y devolverle a su Estado la función esencial: la de garantizar los derechos y libertades a todos los ciudadanos. |